Apicultura en Gran Canaria. Historia

En el artículo Origen, evolución y conservación de la abeja de la Isla de La Palma publicado en mayo de 2016 en la revista Journal Apicultural Research, la Dra. Irati Miguel (Técnico del Servicio de Genómica -Secuenciación y Genotipado de la UPV) y otros sostienen que el actual acervo genético de la abeja de Canarias fue originado muy probablemente por introducciones humanas desde Portugal producidas a partir de la conquista de las islas en el siglo XVI, si bien no puede descartarse una colonización natural ancestral desde la Península Ibérica.

En las siguientes líneas, sin ninguna pretensión científica, vamos hacer una pequeña inmersión en varios textos históricos en relación a la apicultura en Gran Canaria, obviando los estudios sobre la abeja negra que ya están en otros apartados de esta web.

El historiador romano Plinio el Viejo (siglo I), citando la expedición mandada por el rey Juba II de Mauritania en el siglo anterior, deja pocas dudas de que hace, por lo menos, dos milenios ya se encontraban las abejas en esta isla, en su “Historia natural” da nombre a la sexta isla como “Canaria” por sus perros, y habla de sus edificios y abundancia de palmeras, pinos y mieles (esse copiam et mellis  Hist. Nat. VI, 31,199 y sigts).

A pesar de que en el siglo II de nuestra era Ptolomeo en su “Geografia” hace el primer mapa de las islas y que se supone que las islas fueron visitadas por los árabes, no encontramos más referencias al archipiélago canario hasta mediados del siglo XIV, en que comienzan las visitas de mallorquines, andaluces, genoveses o portugueses.

Siglo XIV

Según cuenta Agustín Millares Torres en su Historia general de las islas Canarias, en el año de 1360 dos buques mallorquines aportaron a la Gran Canaria; entablaron pacíficos tratos con sus moradores, habiendo llegado la confianza de éstos hasta permitir que se levantasen dos humildes ermitas, una al naciente en los arenales del puerto de las Isletas, bajo la advocación de Santa Catalina, y otra al poniente en la aldea llamada después de San Nicolás, dedicada al Santo del mismo nombre, en cuyas ermitas colocaron unas imágenes, que ellos toscamente labraron.

Algunos años más adelante naufragó en la misma isla de Gran Canaria, junto al barranco llamado Niginiguada, un buque español que iba de Sanlúcar a los puertos de Galicia. Sólo se salvaron 13 hombres, que fueron cariñosamente recibidos por el Guanarteme (Artemy Semidán). Su capitán Francisco López pereció ahogado.

Los náufragos, regalados con carne asada, miel y gofio, fueron puestos en libertad, permaneciendo allí once años dedicados a labrar cuevas, fabricar casas y enseñar secretamente la religión a varios jóvenes, hasta que acusados de connivencia con los piratas, fueron apresados y muertos, en unión de cuatro guipuzcoanos y tres sevillanos que fortuitamente estaban en la isla.

Años más tarde. veremos un episodio similar cuando Diego de Silva tras dos días sitiado con sus hombres en las cercanías de Gáldar, acosados de hambre y sed, sin fuerzas para manejar las armas, decide enviar mensajeros y rendirse a discreción.  Ajustada la paz, dejaron los sitiados sus armas  confiados en la palabra de los isleños, que era siempre sagrada, fueron conducidos al pueblo de Gáldar, donde el Rey, Tenesor Semidán,  los obsequió con carne, gofio, leche, manteca, miel y dátiles.  (Agustín Millares Torres, Historia de la Gran Canaria).

Tomás Arias Marín de Cubas en su «Historia de las siete islas de Canaria» afirma

Es Canaria de muchos montes, arboles, fuentes, arroios, y por onde quiera mucha agua, riscos mui puntiagudos, tiene de largo 12 leguas, de ancho onse, tiene muchas avez silvestres, ganados menores, arboles silvestres, salvo higueras muchas, por fuera blancos y dentro colorados diferentes, mucho a los de España el fruto de ellas, sus moradores muchos y diestros en la pelea, abunda de todo genero de legumbres i granos, miel silvestre de avejeras en grutas de los riscos que suele destilar por ellos;

Esta descripción sobre Gran Canaria parece sacada de la crónica Le Canarien; Marín de Cubas se extiende más en su descripción auxiliándose, probablemente, de otras crónicas y noticias. Por ejemplo, cuando trata sobre “la miel silvestre de avejeras en grutas de los riscos que suelen destilar por ellos”; este hecho no aparece reflejado en Le Canarien.

Sin embargo, resulta cierto. Todavía es frecuente encontrar panales silvestres construidos en el interior de oquedades y rendijas naturales de los riscos; los campesinos del lugar suelen castrar estos panales para recoger la miel.

Usos de la miel por la población aborigen

Volviendo a Agustín Millares, nos informa que los aborígenes grancanarios

Asaban la carne de diferentes modos y casi cruda la comían, sazonándola con el zumo fermentado de la palma o del mocan. a cuya bebida llamaban teserquen. Tenían miel de abejas, manteca, leche, harina de cebada (gofio), dátiles, higos y zarzamoras, y abundancia de peces y mariscos.El mantenimiento ordinario era gofio qe. hacían de cebada tostada en sus tostadores de barro. Después de tostada se muele en unos molinos de mano, y ciérnanla pr. unos cedazos de pergamino de cuero agujerado. Amasanlo cuando lo han de comer con caldo de carne y es bueno; y con leche, y lo mejor con miel y manteca. Es gran socorro pa. años de necesidad y comida enjuti y sana. El trigo no lo tenían por sano por no saber hacer pan, hacianlo frangollado y cocíanlo con leche á manera de arroz, sembraban poco dél.

El actual Museo Canario, se inauguró oficialmente el 24 de mayo de 1880 con el nombre de Museo de Antigüedades Canarias.

Entre estos diferentes objetos, que revelan la vida sencilla y patriarcal de aquellos isleños, no hay ninguno que excite más vivamente la atención del espectador como esa numerosa colección de vasijas de barro, de diferentes dimensiones, forma y aplicación.

Hay ánforas de gran capacidad para conservar la manteca, de cuya sustancia se descubren aun algunos restos; otras llenas de pequeños higos, bien conservados, y de sangre de drago, tan útil como medicinal en todas sus enfermedades; botijos para agua y para guardar miel y otros líquidos.

Algunos de estos vasos se hallan decorados con festones de colores en triángulos o en círculos caprichosos, que revelan cierto gusto en el arte del dibujo.

Enterramientos

En esta isla, la más civilizada entonces del archipiélago, es donde se encuentran vestigios más numerosos de las creencias religiosas de los aborígenes.

Designaban estos isleños al Ser Supremo con el nombre de Acoran, Dios sólo, eterno y omnipotente, señor de cielo y tierra, dispensador de recompensas a los buenos y castigos a los malos.

El cuidado con que procuraban conservar los cuerpos de los que fallecían, embalsamando los más ilustres, dejando a su lado vasijas con miel, higos y leche y colocando sus armas predilectas en las cuevas, donde los encerraban, nos prueba que tenían alguna noción de otra existencia después de la muerte.

En los depósitos de momias encontrados en el barranco de Guayadeque, se ha visto que unas estaban sostenidas en pie por medio de palos ahorquillados y otras tendidas sobre tablones de tea. Siempre hay en estas grutas algunas vasijas de barro y de madera con restos de miel y otras substancias, consumidas por el tiempo. Junto a algunos cadáveres hay magados y pedernales cortantes y bastones de mando.

 

Siglo XV. Incorporación a Castilla

Relata el naturalista Viera y Clavijo (s. XVIII)  en «Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias» que durante la conquista del archipiélago los castellanos apenas se encontraron unas pocas colonias salvajes en Gran Canaria, que luego llevaron a Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro. Por su parte Gómez Escudero en «Historia de la conquista de Gran Canaria» afirma que los grancanarios «tenían miel silvestre de abejas y colmenas, no supieron conocer ni en Tenerife se hallaron abejeras, no sabían sacar la cera».

Finalizada la conquista de la isla, la asamblea municipal elegida por Vera continuaba hasta que los reyes por real cédula dada en Madrid el 20 de diciembre de 1494, dirigida al gobernador, consejo y vecinos de la villa del Real de Las Palmas, ordenaban que los lugares y villas recién poblados de la Gran Canaria convenía tuviesen ordenanzas y fueros para regirse. Mientras no ordenasen lo contrario habría seis regidores, un personero, un mayordomo, un escribano, tres alcaldes ordinarios y un alguacil mayor.

Se mandaba además por los reyes la redacción de unas ordenanzas que respondiesen a las necesidades de la isla, las cuales debían serles sometidas para su aprobación.

Las ordenanzas establecerían reglas fijas y equitativas respecto al peso de las harinas, estanco del jabón, tabernas, mesones, penas de cámara, guardas de términos comunales, viñas, panes, colmenas, frutas y dehesas, y sobre los oficios de menestrales y jornaleros.

En el Libro rojo de Gran Canaria o Gran Libro de Provisiones y Reales Cédulas se recoge la   Real Cédula que define el  Fuero y Privilegio Real  de la Isla de Gran Canaria, dada en Madrid el 20 de diciembre de 1494.
D. Fernando y Dña. Isabel, el mismo día que realizaron la incorporación de Gran Canaria, concedieron como beneficio a la isla la exención de alcabalas, monedas y toda clase de pechos y tributos, a los vecinos y moradores de ella que tuviesen casa poblada y durante el plazo de veinte años, con la única excepción de tener que abonar tres maravedies por ciento de carga y descarga. La finalidad del Privilegio fué, como lo expresan taxativamente los reyes, fomentar la población de los territorios recientemente conquistados. Pero, transcurridos esos veinte años de la vigencia de tales prerrogativas, Dña. Juana, por R. C. dada en Burgos en 24 de diciembre de 1507, confirmó por las mismas razones, cuanto habían hecho sus padres, pero ya con carácter definitivo, aunque aumentando la única tributación a cinco maravedises por ciento de todas las mercancías que se cargaran y descargaran.

Aranzel del peso desta Ysla.

Don Fernando E Doña Ysabel.Bien sabedes como nos fue fecha relación que essa dha ysla no tenia proprios algunos, para las necessidades que vos occurriessen, ni para pagar el salario de los Regidores, ni para embiar mensajeros a nuestra corte, ni para otra cosa alguna. A causa de lo qual se hazian muchos repartimientos e derramas en la dha ysla e era alguna causa para que no se poblasse bien e que en la dha ysla auia algunas cosas de que vos podiamos hazer merced para los dhos proprios especialmente de vn peso en que se pesassen las mercadurias de auer de peso. e que dello se pagasse lo que la ntra, merced fuesse. Sobre lo qual nos mandamos al Licenciado Diego Fernandez de Valera,e porque tenga proprios para sus necessidades que vos deuiamos fazer merced del dho peso de concejo e que los derechos del se lleuassen segun e por la forma que se llevan en el peso de la ciudad de Sevilla, el aranzel del qual nos mandamos traer e fue ansi mismo visto en el ntro consejo e nos tovimoslo por bien e por esta ntra carta fazemos, merced e gracia e Donacion a la dha ysla para sus proprios e rentas, e para cumplir sus necessidades del dho peso de concejo.

De la @ de la miel vna blanca                     ½

Del @ de la cera vn maravedi E m”               1 ½

De la Labor de la miel e cera del @ dos mrv    II

Dada en la nombrada e gran ciudad de Granada a veynte y seys dias del mes de Julio Año del nascimiento señor Jesus de mil e quinientos e vn años. yo el Rey, yo La Reyna. (Nota. Párrafos extraídos en relación con la miel)

Juan de Abreu Galindo en Historia de la conquista de las siete islas de Gran Canaria recoge el milagro de la cera de la Virgen de la Candelaria con las siguientes palabras: «Todos los años la víspera de la Purificación de Nuestra Señora la Virgen María, a dos de febrero, en la noche se veían, y al presente se ven, muchas lumbres como en procesión por la orilla del mar alrededor de la cueva donde esta imagen está, y por la mañana hallaban muchas gotas de cera blanca en cantidad por toda la costa, y el día de hoy se hallan estas gotas de cera blanca».

En relación a este hecho el notario Fernan de Alvarez, a petición de Antonio de Arévalo, levanta acta notarial en San Cristóbal de La Laguna el 25  de junio  de 1497 en presencia de Alonso de Lugo. Se presentan como testigos a Pedro Fernández,  Diego Fernández y Alonso Sanchez de Morales naturales de la isla Fuerteventura y a  Gonzalo Méndez Castellano,  Pedro Maninidra, Pedro Mayor naturales de la isla de Gran Canaria y vecinos de Tenerife, y Pedro de Ervas, Eibone de Armas, vecinos de la dicha isla de la Gran Canaria.

Se recoge el dicha acta notarial el siguiente párrafo «E que este presente año al tiempo que se halló la dicha cera no havia candelas para decir misa, ni para bendecir el dia de la purificacion de Nuestra señora la virgen Maria por cuanto en esta isla no hay colmenas para sacar cera, sino la traian de la gran Canaria por ser esta dicha isla nuevamente ganada de mano de infieles é puesta debajo del yugo de nuestro Salvador Jesu Cristo, é traxeron la dicha cera«.

Siglo XVI. Carlos I y Felipe II

Un nuevo tribunal, de gran importancia para las Canarias, fué creado por el emperador y su madre Dña’ Juana en real cédula de 7 de diciembre de 1526.

…..

Para desentrañar las frecuentes cuestiones de jurisdicción y las continuas quejas de los municipios, envió el emperador a Canaria un comisionado especial, el licenciado Francisco Ruiz de Melgarejo, la fin de que redactase unas ordenanzas que fijaran en lo sucesivo las atribuciones de los ayuntamientos y Audiencia.

Con tan buena fortuna consiguió redactar esas ordenanzas que todos las aceptaron, después confirmadas por Felipe II en 1533.

Respecto a las ordenanzas municipales tuvo Ruiz de Melgarejo especial cuidado en conservar aquéllas que no se oponían a las atribuciones del Real Acuerdo, modificó otras que el progreso de los tiempos exigía y añadió algunas que el uso y la costumbre habían introducido con grandes ventajas para los vecinos y pobladores. En ellas había reglas para vender el vino, pescado, carnes, pan, hortalizas, miel, cera y sebo, fijando precios e imponiendo penas a los contraventores, tía. Prohibía la exportación de cueros, vacas y yeguas, sin licencia expresa del Consejo. Se reglamentaban los mesones y tabernas, mandándose que sólo hubiese seis en Las Palmas, que habían de satisfacer una contribución especial para los Propios.

Francisco Morales Padrón rescata estas «Ordenanzas del concejo de  Gran Canaria (1531)» en donde se recogen cuatro Títulos en relación a la apicultura.

MIEL, CERA Y CEBO

La exportación de los quesos –enviados a Indias desde muy pronto– así como la miel, cera y sebo queda totalmente prohibida sin una autorización de la ciudad. Tampoco quien adquiriese algunos de estos productos podía revenderlos sin un previo examen de los Diputados-Regidores que fijarían el precio. La miel sería expedida usándose las medidas habituales en la ciudad y la cera usándose las pesas, ambas «afinadas por el Almotacín». Estos productos, pregonada su venta, podían ser comprados por los vecinos para su empleo particular pasado nueve días.

COSAS PROHIBIDAS DE EXPORTAR

Había un título especial para las «Cosas que no se pueden sacar fuera desta ysla». Ellas eran: pan, vino, carne, pescado, aceite, quesos, miel, cera, sebo, fruta seca y verde, cueros al pelo y curtidos, botas vacías, cascos vacíos de palma, tablas de palma, yeguas, vacas … Se permitían exportar naranjas, limas, conservas a las Indias, siendo embarcados por las naos que hacían una última escala para cargar agua, cabritos, quesos, miel, carne, verduras, etc., etc.

CANDELEROS Y CEREROS

Debía ser importante esta ocupación ya que se le dedica una media docena de ordenanzas. Como en el título sevillano se comienza por señalar que la cera y sebo que se usen sean buenos y que el pabilo que empleen sea de lino y no grueso. Al parecer en sus engaños los cereros solían poner sebo dentro y cera por fuera, o diversas capas de ambos productos, malogrando la vela. Esto se prohíbe y se le dice al candelero que debería labrar la cera según das «pramáticas del reino». La cera amarilla podía ser vendida a 55 maravedís la libra y la blanca a 60, quedando impedidos de vender los cirios y velas a ojo. Se llegaba a fijar hasta cuántas velas o candelas debían de salir de cada libra de sebo: ocho más o menos; pero se les permitía que pudieran sacar hasta 12 ó 16. Cualquier persona podía llevarle al candelero sebo o cera para que le hiciera velas; en tal caso el artesano Ie cobraba 6 maravedís por cada libra labrada, además de quedarse con la quinta parte de la cera o sebo que se le entregara. Hay otras disposiciones complicadas sobre las obligaciones del artesano, modo de trabajar, relaciones con los clientes, etc.

COLMENERAS Y ABEJERAS

Sólo a una legua de 3.000 pasos se permitía tener colmenares junto a zonas poblados, ingenios o parrales; y entre una colmena y otra debía haber también una legua de distancia. Si dentro de una legua se encontraba algún abejar cercano a parrales o ingenios podían ser quemados o castrados. Nadie podía castrar abejares salvajes sin permiso de la Justicia y Regimiento, pues pertenecían al Consejo, y quien tuviera licencia para castrar procuraría no matar a los abejares.

Primeramente que nynguna persona tenga colmenar junto a los lugares poblados ny cabe yngenio ni parral e que los que quisieren tener colmenas las puedan tener apartadas una legua de tres mill pasos de los lugares poblados o de los engenos o parral so pena que el colmenar que estobiere dentro del dicho término aya de pena al señor del dicho colmenar por cada colmenar quarenta maravedís de pena e que demás de la dicha pena sea obligado el dicho dueño de las colmenas dentro de quynze días que fuere requerido por cualquier persona de quytar las dichas colmenas fuera del dicho término y esto sy el engeno o parral fuere más antiguo que el colmenar o parral que en tal caso mude el colmenar a costa del señor del engeno o parral y esto aya lugar quando el señor del engeno o parral lo pidiere que se mude el dicho colmenar.

Otrosy porque los dichos colmenares tengan buenos pastos e no se hagan daño los unos a los otros se provee e manda que de un colmenar a otro aya distancia de una legua de tres mill pasos e que dentro del dicho término no se pueda dar sitio de colmenar en perjuicio del que primero esto vyere ny nynguna persona pueda poner colmenar dentro del dicho término contra la voluntad del dueño del primer colmenar so pena de seyscientos maravedís e que sea obligado a mudar las colmenas dentro de ocho días después que fuere requerido por el señor del primer colmenar y esta hordenanza se entienda en los colmenares que de aquy adelante se quisiere fazer e poner.

Otrosy que ninguna persona sea osado de castrar abejera ni abejeras salvajes syn licencia de la justicia e regimiento o del arrendador que tubiere arrendadas las dichas abejeras porque las dichas abejeras son de los propios del concejo de esta ysla so pena que qualquiera que castrare abejera syn licencia yncurra en pena de seyscientos maravedís e pierda la miel e cera que sacare a las tales abejeras.

Otrosy que las personas que tuvieren licencia para dicha legua de los engenos o parrales las puedan castrar e quemar syn pena.

Otrosy que las personas que tuvieren licencia para castrar las tales abejeras castren de manera que no las maten so pena de dozientos maravedís por cada una abejera que mataren.

Siglo XVIII

Un producto agroalimentario singular de estas islas es el turrón canario, muy distinto al del sudeste ibérico. Nació en la isla de los almendreros, Gran Canaria, seguramente en el siglo XVIII pues ya tenemos referencias escritas del mismo en el XIX, siempre relacionado con las fiestas patronales de los pueblos. Su producción está vinculada a determinadas familias y su comercialización a las fiestas locales. Este producto se elabora con almendras, miel, azúcar, pan rallado… mediante diferentes procesos y recetas de elaboración. Su presentación más común es en pequeñas tabletas circulares envasadas en aros o moldes de papel que, superpuestas, conforman un conjunto o taco de varias unidades, forrado con papel transparente.

Igualmente son apreciados los bizcochos y suspiros de Moya, hechos con harina y huevos o  los mazapanes de Tejeda, elaborados con almendras y miel;

José de Viera y Clavijo, en Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias refleja lo siguiente:

Fue regular que de Canaria se llevasen a Tenerife, Palma, Hierro y Gomera, donde desde luego, a beneficio de la grata temperie, llegaron a multiplicarse tanto que ya en el año de 1511 eran las colmenas salvajes una de las rentas de los propios municipales de Tenerife. No han dejado de llevarse también algunas veces a Fuerteventura y Lanzarote; pero jamás han procreado a causa de que la violencia de los vientos nornordestes que reinan en ambas islas, particularmente de Abril hasta Octubre, impiden el vuelo a las abejas cuando buscan las flores

La miel de Canaria, que es muy buena, se emplea por la mayor parte en la fábrica de turrón, y de rosquillas de alajú. Igualmente lo es la de Tenerife, con especialidad la de las abejares de cumbres, donde encuentran los retamales blancos, que abundan en fragrantes flores. Glas, en su descripción de estas islas, celebra la miel de abejas de la Palma, particularmente la de las colmenas que están distantes de las viñas y de las mocaneras, pues les dan estas flores mal color (2): hace mención de la miel de la Gomera; pero pondera sobre todo la de la isla del Hierro, en la cual las abejas se multiplican mucho, a beneficio de los excelentes pastos (3). Anualmente se suelen coger allí sobre mil cuartillos, y más de trescientas libras de cera, cuya miel es de superior calidad, sobresaliendo la de las colmenas del pago del Pinal por hallarse todo su terreno alfombrado de espesos tomillos. Es esta una miel tan sólida que rota la vasija que la contiene, conserva su figura.

Las colmenas que se usan en nuestras islas son las antiguas, formadas de troncos de árboles socavados, o de cuatro tablas unidas, con su cobertura, mientras en Europa se ha ido inventando otras más cómodas, algunas de varios altos que se pueden separar, y por consiguiente castrarse, sin que casi lo noten las abejas.

Nota: El alajú o alajuz es un dulce con forma de torta, típico de Castilla,  propio de la provincia de Cuenca (y de algunas zonas de Valencia limítrofes con Castilla-La Mancha), hecho tradicionalmente de una masa a base de almendras, pan rallado y tostado, especias finas y miel bien cocida, cubierta de dos obleas por ambos lados de la torta; en otras ocasiones se usan nueces y, a veces, piñones, en vez de almendras.

 

Siglo XIX. Exposición Provincial de Canarias

Hacia 1880, momento del crecimiento económico moderno de Canarias, se ensaya un nuevo modelo de desarrollo similar al maderiense y al cubano por la estrecha relación migratoria. Se basó en el cultivo y producción industrial del tabaco y la caña dulce para azúcar y ron.

Frente a las agroindustrias de exportación, motores de la economía, se mantenían pequeñas industrias artesanales de autoabastecimiento: gofio (base de la alimentación), queso, aceite de oliva, aceite de almendra, repostería-confitería, miel de abeja, miel de caña… con unos procedimientos muy artesanales usando artilugios muy antiguos. Pero en unas ciudades portuarias cosmopolitas como Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife llegaba pronto los avances tecnológicos del momento, y a finales del siglo XIX van implantándose modernas industrias fabriles para la fabricación de harinas, pastas, chocolates, confiterías, galletas, cervezas, aguardientes-licores, harina de plátanos, etc. el 80% de toda la industria insular. Su producción se destinaba tanto para el abastecimiento interno como para el portuario e incluso para la exportación al mercado de las colonias más cercanas del continente africano y alcanza su mayor desarrollo entre 1950 y 1970.

A la Sociedad Literaria, Artística. De Fomento y Recreo de la Ciudad de Las Palmas de G.C., corresponde la gloria de haber promovido la Exposición Provincial de 1862, que fue la primera de su clase celebrada en las Islas Canarias.

En la Memoria Histórica y Oficial de la Exposición Provincial de Canarias, de Agricultura, Industria y Artes, celebrada en las Casas Consistoriales de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en 1862 se recoge que la exposición estuvo abierta 43 días, habiendo sido visitada por más de 6,000 personas; se clausuró el 12 de junio.

A la Clase XIV, Mieles y Cera, se presentaron muestras del Sr. Conde de Vega Grande, D. Nicolás Massieu, D. Matías Melián,  D. Juan Rodríguez y D. Matías Padrón quienes aportaron tarros con miel, panes y panales de cera.  La valoración que hizo el jurado, fue la siguiente:

La miel de abejas es la única que producen estas islas. Las muestras que se han presentado pertenecen a la que da esta isla de Canaria, que es excelente, como lo es la de Tenerife; sobro todo la de las colmenas de sus encumbradas sierras, donde las abejas chupan las fragantes flores de las retamas blancas.

Los ejemplares de cera, todos de expositores de esta isla y de Fuerteventura, prueban satisfactoriamente la buena calidad de esta sustancia oleosa que produce la Provincia.

El tipo de colmena tradicional canaria es muy simple: un corcho o tronco hueco de la palma de un metro de altura, aproximadamente, en posición vertical, con las dos aberturas tapadas con lajas y selladas con una mezcla de barro y bosta de vaca. En la mitad del interior se entrecruzan dos palos que sostienen los panales construidos paralelamente por las propias abejas. A mediados del siglo XX comienzan a instalarse las colmenas de madera con una mayor especialización de la actividad y prácticamente han desaparecido el uso de las colmenas de corcho.