La Unión Europea ha dado un paso novedoso para el sector apícola: autorizar el uso de un aditivo destinado a la alimentación de abejas melíferas, basado en molibdeno. El objetivo no es tratar enfermedades ni sustituir el buen manejo de las colmenas, sino aportar una herramienta más para ayudar a mejorar la supervivencia de las colonias, especialmente durante el invierno.
Conviene aclararlo desde el principio: no hablamos de un aditivo para la miel ni de algo que se añada al producto que consume la persona. Se trata de un aditivo para la alimentación de las abejas, pensado para mezclarse con alimentos que los apicultores ya utilizan habitualmente, como el jarabe de azúcar o la pasta alimenticia tipo candy.
Según el expediente técnico del Joint Research Centre de la Comisión Europea, el producto está pensado para añadirse al jarabe o al candy bread, con una dosis recomendada de 8 mg de aditivo por colmena. El propio expediente lo encuadra dentro de los aditivos nutricionales, concretamente como compuesto de oligoelementos para insectos polinizadores.
¿Por qué molibdeno?
El molibdeno es un oligoelemento, es decir, un mineral que se necesita en cantidades muy pequeñas. En las abejas, como ocurre con otros nutrientes, su disponibilidad depende en gran medida del polen y de los recursos naturales disponibles en cada momento. El estudio científico recuerda que, aunque se ha investigado mucho la importancia de proteínas, azúcares y energía en la alimentación de las abejas, todavía se sabe poco sobre el papel de algunos micronutrientes, entre ellos el molibdeno.
La idea de fondo es sencilla: una colmena bien nutrida suele estar mejor preparada para afrontar el estrés ambiental, las enfermedades, la falta de floración, los cambios de clima o la presión de parásitos como la varroa. El propio estudio señala que la nutrición de calidad puede mejorar la salud de las abejas y reducir la mortalidad, mientras que las carencias nutricionales pueden aumentar la susceptibilidad a enfermedades.
Un estudio de campo con 283 colmenas
Uno de los datos más interesantes procede de un estudio publicado en Research in Veterinary Science en 2025, titulado “Reducing honey bee winter mortality with molybdenum supplementation: Field evidence across Europe”. El trabajo fue realizado con 283 colmenas repartidas en seis apiarios de España, Francia y Grecia: 142 colmenas recibieron el suplemento con molibdeno y 141 actuaron como grupo de control.
Los resultados fueron llamativos: las colmenas suplementadas tuvieron una reducción media de las pérdidas invernales del 44%, con diferencias según el apiario, que fueron desde el 27% hasta el 75%. El estudio también indica que el riesgo de muerte de la colonia fue aproximadamente la mitad en el grupo suplementado respecto al grupo de control. Esto no significa que el producto sea una solución milagrosa. Los propios autores recuerdan que la mortalidad invernal depende de muchos factores: clima, recursos disponibles, enfermedades, tamaño de la colonia, reservas de miel y manejo. En los ensayos realizados en España, por ejemplo, observaron que la suplementación redujo la mortalidad en colonias que partían de una situación comparable en población y reservas.
Ensayos también en España, con abeja ibérica
Para el sector español hay un dato especialmente interesante: parte de los ensayos se realizaron en Extremadura, con colmenas Layens de Apis mellifera iberiensis. Las colonias fueron tratadas contra varroa a finales de verano y después se compararon colmenas alimentadas solo con jarabe frente a colmenas alimentadas con jarabe suplementado con el compuesto de molibdeno.
En el ensayo de 2024 en España, por ejemplo, se trabajó con 80 colmenas repartidas en dos apiarios. Las colmenas se dividieron entre grupo control y grupo suplementado, recibiendo dos tomas de 2 litros de jarabe al inicio de noviembre, y la mortalidad invernal se evaluó a principios de marzo. Este punto es importante porque acerca el estudio a condiciones reales de apicultura profesional, no solo a ensayos de laboratorio. De hecho, los autores explican que los experimentos se plantearon buscando condiciones próximas a las prácticas habituales de la apicultura europea.
¿Cómo se administró?
En los ensayos, la dosis utilizada fue de 8 mg del complejo de molibdeno por colmena. Para administrarlo en jarabe, se preparó una concentración de 2 mg por litro; por tanto, para alcanzar los 8 mg por colmena se emplearon 4 litros de jarabe.
Traducido a lenguaje práctico: no se trata de espolvorear molibdeno sin control ni de improvisar mezclas caseras. El interés del producto está precisamente en que la dosis, la forma de administración y las condiciones de uso deben estar reguladas y claramente indicadas en la etiqueta.
Seguridad para las abejas, la miel y la cera
El estudio también analizó aspectos muy importantes para los apicultores: estabilidad del producto, toxicidad para las abejas y posible presencia de residuos en miel y cera.
En primer lugar, los investigadores comprobaron que el compuesto era estable en agua y en jarabe durante dos años en condiciones normales de almacenamiento. Esto resulta relevante si el producto termina comercializándose en formatos de uso apícola.
En segundo lugar, no se observó toxicidad detectable para las abejas en las condiciones ensayadas. En la prueba de tolerancia realizada en Grecia, la mortalidad acumulada de abejas no fue significativamente diferente entre el grupo control y el grupo suplementado. Y en tercer lugar, los autores evaluaron si podían quedar residuos en la miel. Para ello llegaron a administrar una dosis cuatro veces superior a la usada en los ensayos de campo. Incluso con esa dosis elevada, no detectaron molibdeno en las muestras de miel ni restos de EDTA o de sus productos de degradación, y las muestras cumplieron los parámetros de calidad establecidos en la normativa europea. En cera, los autores tampoco detectaron residuos en las muestras del grupo suplementado, aunque recomiendan seguir investigando a largo plazo, porque la cera permanece durante años en la colmena y podría ser una matriz donde estudiar posibles acumulaciones futuras.
Resultados prometedores, pero con prudencia
La lectura para el apicultor debe ser equilibrada. Estamos ante una herramienta prometedora para reducir pérdidas invernales, pero no ante un medicamento contra la varroa ni ante una solución única para colmenas mal preparadas.
El estudio no encontró diferencias claras en el número de abejas adultas entre colmenas suplementadas y no suplementadas, lo que indica que el efecto observado no puede explicarse simplemente por un aumento evidente de población.
Tampoco todos los resultados fueron iguales en todos los lugares. En Grecia se observó un aumento importante de reservas de miel en la zona de cría, mientras que en España no se detectó un efecto comparable. Los autores plantean que el clima, la flora disponible, el momento de alimentación, el manejo y la genética de las abejas pueden influir en la respuesta.
Por tanto, la conclusión más razonable es que el molibdeno puede convertirse en una herramienta interesante dentro del manejo nutricional de las colmenas, especialmente en la preparación para el invierno, pero siempre acompañado de lo básico: control de varroa, buenas reservas, colonias equilibradas, reinas viables y manejo adaptado a cada zona.
Una novedad a seguir de cerca
Para el sector apícola, esta autorización es relevante porque abre la puerta a productos específicos para abejas evaluados científicamente y regulados dentro del marco europeo de alimentación animal.
Si finalmente llega al mercado, los apicultores deberán prestar atención a la etiqueta, la dosis autorizada, el momento de aplicación y las condiciones de uso. Y, como siempre, habrá que comprobar cómo funciona en condiciones reales de campo, especialmente en territorios con clima, floraciones y manejos tan particulares como Canarias.
La noticia es positiva, pero debe leerse con sentido común: no sustituye al buen manejo, pero puede sumar una herramienta más para fortalecer las colonias antes de uno de los momentos más críticos del año.

