EDITORIAL. La Federación: una petición histórica de los apicultores

Siempre ha existido una pequeña controversia sobre cuál ha sido la primera asociación apícola en Canarias: aunque Mariano Espinar  ha sostenido que la Asociación Regional Apícola Canaria  (AAC)  fue la primera, los datos apuntan a  que la Asociación de Apicultores de La Palma se inscribió varias semanas antes, allá por 1984.  Apigranca nace en 1988 y Apitén,  la mayor asociación ganadera de Canarias con más de 630 socios, se funda en 1998.

La década de los 80s y comienzos de los 90s constituyeron unos años de actividad muy intensa, con cambios legislativos, encuentros y trasvase de información entre los directivos de las asociaciones de aquellos momentos. Muchos apicultores continuaban explotando corchos y no era fácil comprar colmenas movilistas en las islas por no haber comercios especializados, así que las asociaciones fueron las primeras encargadas de realizar pedidos, contenedores completos de colmenas langstroth, cera, extractores, caretas, guantes, y tarros de envasado principalmente. La gestión de estos pedidos supuso no pocos problemas para algunas de ellas, dando incluso origen a varias escisiones.   En estos años se comenzaron a impartir cursos de actualización y se publicaron varios libros.

De esta época es el libro Apicultura para Canarias de Mariano Espinar Martínez y  Santiago Hernández Sánchez publicado en Santa Cruz de Tenerife en 1987 y Manual práctico de apicultura para las Islas Canarias de nuestro compañero y socio fundador Félix Henríquez Jiménez y Enrique Patricio Nuñez publicado por la Consejería de Agricultura y Pesca, en 1989 y que recibió el Premio al mejor trabajo divulgador sobre temas agrícolas, ganaderos y pesqueros de Canarias en el año 1986.

Al comenzar la década de los 90, en Gran Canaria la Asociación de Apicultores de Gran Canaria, por aquellos tiempos con 270 socios, publicaba sus Boletines Informativos y en Tenerife  la Asociación Regional Apícola Canaria (AAC) sacaba a la luz su Boletín “CANARIAS APICOLA” . Se dio a conocer la apicultura a la sociedad canaria, se asistía y organizaba las primeras ferias, se organizaban viajes a ferias nacionales e incluso a Apimondia en China   y los medios de comunicación se interesaron desde muy pronto por nuestro sector. También en esta época se detectó el primer foco de varroa en La Aldea de San Nicolás y se comenzaron las charlas para informar como tratarla.

La integración en la Unión Europea en 1992, en aquel entonces Comunidad Económica Europea,  generó muchas incertidumbres en el sector y ello hizo que las asociaciones se reunieran en defensa de la apicultura. Después de una puesta en común con motivo de III Encuentro de la Coordinadora de Asociaciones Ganaderas de Canarias celebrado en La Palma,  cinco agrupaciones apícolas se reunieron en el hotel Taburiente de Santa Cruz de Tenerife con la intención de iniciar el camino hacia una federación apícola regional.

En unas declaraciones al periódico EL DIA, Mariano Espinar presidente de la AAC señalaba la necesidad de unión de los apicultores canarios para  comercializar de forma conjunta las mieles en tarros en los que conste su procedencia como producto insular y expresó como tema prioritario «la prohibición de entrada de abejas externas en las islas y la necesidad de conservar la raza autóctona.

En 1992 Anastasio Delgado de ApiGranca representaba al sector apícola canario en las reuniones con el Presidente de la Comunidad Autónoma. Desde esta época se establece las ayudas del Poseican y el reconocimiento europeo a la raza autóctona de abeja negra canaria.

En el día de hoy, 12 de diciembre de 2020 recuperamos  las declaraciones que Agustín Manrique secretario de ApiGranca en 2005 realizaba al blog https://vozgrancanaria.blogia.com y que continúan en plena vigencia, por lo que nos ha parecido importante reproducirla en nuestra web de manera independiente quince años después.

Durante los últimos años el sector se ha disgregado en unas 25 asociaciones, la mayoría de carácter municipal o comarcal,  al tiempo que la complejidad burocrática ha ido en aumento y los problemas continúan sin resolverse. La valiente apuesta que están realizando los responsables actuales de las asociaciones de todas las islas por unirse en una federación merece el apoyo de cada uno de los apicultores. Nunca antes se estuvo tan cerca de conseguirlo.

El amplio consenso en las reuniones ha permitido la práctica conclusión de los Estatutos Sociales, tener casi configurada la primera directiva y fijar el domicilio social. También se ha configurado una dirección de correo electrónico y la página web de la federación  donde se irá ampliando la información.

Después de 30 años de trabajo discontinuo, hoy debemos dar la enhorabuena por el esfuerzo a todos los responsables de las asociaciones apícolas de Canarias.

Suaves picadas y dulce cosecha!!!

Antonio Quesada

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